AIKIDO HUELVA - ATAH
La estrecha distancia entre Uke y Tori
Nos sule gustar diferenciar roles para poder compreder y aprender mejor lo que hacemos, ya sea en el trabajo, en el ocio, o en cualquier otro aspecto de la vida. Ocurre lo mismo con el Aikido, y para poder prácticarlo adoptamos dos tipos de roles: uke y tori.
Uke, por decirlo de una manera coloquial, sería el malo de la película, el que inicia la acción de ataque. Su postura debe ser recta, mirando a los ojos del compañero pero sin centrarse en ellos, y su actitud de ataque debe ser constante. No quedarse solamente en el movimiento principal.
Tori, por otro lado es el que realiza el control o la proyección. Su postura debe ser igualmente recta, mirando a los ojos del compañero pero sin centrarse en ello, y su acción comienza cuando Uke ha iniciado la suya.
Estos roles bien definidos y que los aprendemos desde el primer día de clase, suelen convertirse en la primera confrontación introspectiva del practicante de Aikido.
Al principio practicamos los movimientos como si un paso de baile se tratase, y contando mentalmente cada paso hasta llegar el último que finaliza la técnica. Este proceso, que no es más que un proceso de aprendizaje para llegar a construir la técnica, válidos tanto para el rol de Tori como de Uke, puede acabar conviertiéndose en un acto reflejo a la hora de la práctica después de haber cogido soltura y fluidez.
Es común entre mis compañeros, el sentir que con respecto a su rol de Tori, que bien el control o proyección les resultan muy pesados (tienen que hacer demasiada fuerza), o que no llegan porque hay mucha distancia entre él y el compañero. Pero suele ser menos común que Uke se pregunte que le está faltando a su ataque.
Cuando estamos trabajando una técnica en concreto, estamos trabajando un rol añadido más, que es el concepto de ataque (golpe o agarre) unido al concepto de respuesta (control o proyección), por lo tanto para que ese rol o trabajo tenga éxito las condiciones de Uke y Tori tienen que ser favorables, es decir, cada uno tendría que hacer su trabajo de una manera correcta. Por lo tanto, cada uno tendría que asumir su parte de autocrítica a la hora de analizar el trabajo realizado, pero si nos quedamos estancos en nuestro rol al final ante cualquier error nos quedaremos con la sensación de que el trabajo no somos capaces de realizarlo correctamente, y acabamos ante una situación de bloqueo con respecto al compañero o aún peor forcejeando con él.
Puede que el problema resida en que estamos demasiados metidos en nuestro rol y no sabemos ir más allá. En una situación perfecta Uke haría un ataque perfecto y Tori le daría una respuesta perfecta a ese ataque. Pero la realidad es que solemos cometer errores ya que somos humanos y debemos tener tolerancia y aprendizaje de los mismos, y así poder tomar la actitud del rol contrario. Esto no creo que signifique separarnos de nuestro rol, sino más bien aprender que el rol que adoptamos es solo un concepto y si solamente utilizamos las herramientas de nuestro rol, es como atarnos nosotros mismos las manos a la espalda.
Por tanto tanto Uke como Tori, dentro de su papel en la técnica deben aprender que este mismo prodría cambiar medio segundo después de ser iniciada la técnica, y así podríamos volver al rol con la situación algo más controlada.
Todo esto referido a la práctica en clase, ante una situación de agresión real, debemos asumir la ausencia de rol, o de lo contrario ya nos estaremos condicionando.
Julio Pinilla.
Un practicante más de Aikido y administrador de AtaHuelva.








